Abrimos 2026 con este artículo de forma consciente.
No porque sea cómodo.
Sino porque creemos que es necesario.
La industria del sampling cosmético lleva tiempo en alerta.
No por una moda, ni por un cambio de consumo puntual, sino por algo mucho más profundo: la regulación europea está cambiando las reglas del juego.
Durante años, el sampling ha sido una herramienta incuestionable dentro del marketing cosmético.
Hoy, sin embargo, empieza a situarse en una zona incómoda, donde se cruzan sostenibilidad, normativa, responsabilidad y modelo de negocio.
Hablar de esto no es sencillo.
Especialmente cuando formas parte de la propia industria.
Pero creemos que mirar hacia otro lado sería un error.
Por eso, en lugar de empezar el año hablando de tendencias estéticas o formatos “bonitos”, hemos decidido abrir 2026 con una reflexión incómoda pero necesaria:
¿Tiene futuro el sampling en 2030?
La nueva normativa europea que obliga a reinventar las muestras cosméticas
Durante muchos años, el sampling ha sido una de las herramientas más potentes del sector cosmético. Probar un producto antes de comprarlo genera confianza, elimina fricciones y acelera la decisión. Eso no ha cambiado. Lo que sí está cambiando y mucho, es el contexto en el que se producen y distribuyen esas muestras.
Con la llegada del nuevo Reglamento Europeo de Envases y Residuos (PPWR), el modelo tradicional de sampling empieza a estar en el centro del debate. No porque el sampling no funcione, sino porque tal y como lo hemos entendido hasta ahora empieza a chocar con la normativa.
La pregunta ya no es si el sampling vende.
La pregunta es… ¿seguirá siendo viable hacerlo igual que siempre?
A partir de agosto de 2026 entra en aplicación el nuevo marco europeo que regula todos los envases puestos en el mercado, incluidas las muestras promocionales. El objetivo es claro: reducir residuos, eliminar lo innecesario y obligarnos a pensar mejor cada envase que producimos.
Y aquí es donde el sampling empieza a sentirse incómodo.
Porque durante años muchas campañas se han diseñado desde la lógica del volumen. Muchas unidades, formatos pequeños, ciclos de vida muy cortos y poco cuestionamiento del impacto real. Ese enfoque es el que deja de encajar.
La normativa no prohíbe las muestras cosméticas, pero sí pone el foco en aquello que no está justificado: envases de un solo uso sin función clara, materiales difíciles de reciclar, sobreproducción y formatos pensados para durar segundos.
El problema no es el sampling.
El problema es el sampling sin estrategia.
Entre 2026 y 2030 el sampling entra en una zona de riesgo si no evoluciona.
Europa empieza a cuestionar el “mini por sistema”. Los formatos pequeños dejan de ser inocentes si no aportan un valor real al consumidor. La sostenibilidad deja de ser un claim bonito y pasa a ser algo que hay que demostrar con datos, materiales, pesos y trazabilidad.
Además, el coste real de las muestras cambia. Gestión de residuos, responsabilidad ampliada del productor, reporting… lo que antes parecía una acción ligera empieza a tener un peso operativo y económico mucho mayor.
Y de cara a 2030 el marco se endurece todavía más. Menos espacio vacío, menos envases innecesarios, más presión sobre productos de vida ultracorta. Si el sampling no se transforma antes, simplemente deja de encajar en el modelo europeo.
¿Va a desaparecer el sampling?
No.
Pero sí va a desaparecer una forma de entenderlo.
Va a desaparecer el sampling masivo sin objetivo claro. El “hagamos muchas muestras porque siempre se ha hecho así”. El sampling barato pensado solo en volumen.
Lo que sobrevive —y gana valor— es otra cosa muy distinta: campañas más pensadas, más justificadas, más alineadas con el producto, con la experiencia y con el momento del consumidor.
Menos unidades, sí.
Pero mucho más sentido.
Desde dentro, como empresa especializada en sampling, este cambio no nos deja al margen. Al contrario. Nos obliga a posicionarnos.
O seguimos haciendo lo mismo y asumimos el riesgo.
O evolucionamos hacia menos campañas, mejor diseñadas, con más criterio y más estrategia detrás.
El futuro del sampling no está en la cantidad.
Está en saber cuándo, cómo y para qué tiene sentido hacerlo.
2026 no es el final del sampling.
Es el inicio de una transformación profunda.
Las marcas que entiendan esto a tiempo convertirán la normativa en una ventaja competitiva. Las que no, se verán obligadas a reaccionar tarde, cuando ya no haya margen de maniobra.
En un contexto regulatorio cada vez más exigente, el sampling deja de ser un gesto promocional y pasa a ser una decisión estratégica.